Manipulación del narco en medios
La ola de violencia desatada por el crimen organizado en México ha vuelto vulnerables todos los sectores de la sociedad y actores políticos del país. En este contexto, los medios de comunicación son manipulados por bandas delictivas para proyectar una im
agen a la ciudadanía.Hace unas semanas, Eduardo Medina Mora, procurador general de la República, aseguró que el crimen organizado utiliza a los medios de comunicación para amedrentar a la ciudadanía. Esta aseveración resulta razonable porque mediante la promoción de los delitos, la población se atemoriza y descalifica la lucha del Gobierno Federal en contra de dicho sector. Como ejemplo, lo ocurrido el pasado 15 de septiembre durante los festejos del Día de la Independencia en Morelia, Michoacán; luego de que presuntos sicarios lanzaran granadas contra la población dejando un saldo de ocho muertos y más de cien heridos.
Es visible que algunas de las pandillas del narcotráfico que han consolidado más poder en varias regiones del país comienzan a expandir una estrategia para intervenir en los medios y aprovecharse de la transmisión noticiosa de sus delitos. Las narcomantas que colocan en distintas ciudades, los mensajes que dejan junto a sus víctimas y las intimidaciones hacia algunos medios para que ajusten su cobertura informativa a las exigencias de los capos criminales, forman parte de esa tendencia.
Los criminales tratan de acobardar a sus enemigos e intentan reafirmarse dentro de sus organizaciones, pero sobre todo buscan formar un ambiente de temor en la sociedad, y en esa tarea a veces encuentran la impróvida colaboración de los medios informativos.
La difusión de ejecuciones, secuestros, levantones y ajustes de cuentas entre bandas le permite a la ciudadanía estar al tanto de las dimensiones progresivas del crimen organizado y su amenaza. Pero la publicación reiterada y atropellada de esos hechos, especialmente cuando se publican imágenes atroces de tales crímenes, puede crear un efecto de aturdimiento, o peor aún, que la sociedad se acostumbre a vivir en un clima de violencia y que estos actos parezcan cotidianos.
A las bandas del crimen organizado les gusta ver sus mensajes plasmados en los medios de comunicación, como apunta Medina Mora. De esa manera tratan de intimidar a otras bandas y presionan al gobierno para no ser perseguidos.

Esos resultados incongruentes e indeseables que alcanza la difusión de hechos criminales están avivando una intranquilidad genuina en algunos medios, así como en el gobierno de este país. El combate al narcotráfico tiene líneas variadas y quizá una de las más importantes sea la exposición pública de los actos violentos, aunque sería ilógico que para quitarles espacio a los delincuentes hubiera alguna forma de censura en los medios electrónicos y escritos.
El crimen organizado no sólo utiliza a los medios para intimidar con sus actos delictivos, sino también para promover el dinero que dejan este tipo de actividades ilícitas. De modo que ante la falta de programas sociales; así como en un contexto de pobreza extrema y marginación, los jóvenes mexicanos son presa fácil del crimen organizado.
Las bandas delictivas buscan atraer a la población juvenil mediante el ofrecimiento de dinero fácil y droga. Es por ello que muchos jóvenes se convierten en sicarios para quienes es viable matar, secuestrar y traficar, porque se ven deslumbrados con las cuantiosas ganancias que deja el contrabando de estupefacientes, así como por el poder que adquieren al formar parte de un grupo de este tipo.
El crimen organizado contrata gente joven de zonas marginales para colaborar en sus ejércitos, en trabajos de burreros, narcomenudistas y hasta de sicarios. En los estados fronterizos está acentuándose el fenómeno, donde la delincuencia aprovecha la situación de sobrevivencia para extender su dominio.

En mi opinión, la carencia de valores en la familia, la violencia intrafamiliar, la falta de educación pública de calidad y de oportunidad laboral provocan que la población juvenil más marginada del país sea presa fácil de los capos de la droga, quienes se encargan de reclutar a este sector de la sociedad y la pobreza se encarga de que esta gente vea el negocio como una plataforma de salvación a la miseria en la que viven. La nueva generación de sicarios que son reclutados por el narcotráfico para servir a la organización conocen la facilidad de dinero que otorga la vida criminal.
La bandas organizadas cumplen los sueños desesperanzados de jóvenes de entre 14 y 18 años que nunca tuvieron nada, y quienes con la integración a estos grupos podrán ser dueños de una casa, comprar un auto de lujo, mantener a su familia, e incluso mejorar las condiciones de su comunidad; cosas que no pudieron lograr con una vida de trabajo.
En los medios de comunicación vemos aseguramientos de ‘narcocasas’ que cuentan con albercas, salas de juego, grandes jardines, exóticas habitaciones, pistas de aterrizaje y hasta zoológicos; así como autos, yates y avionetas de lujo; sin mencionar las armas, joyas bañadas en oro y piedras preciosas.
Esta difusión masiva de la opulencia del narco incita a muchos jóvenes para que anhelen convertirse en peligrosos sicarios, con las “beneficios” que traería formar parte de una banda, como el dinero, las grandes trocas, el poder y la compañía de mujeres hermosas e “inalcanzables”.
Incluso en algunas ciudades de la frontera norte, el hecho de ser narco es una forma de vida y estatus social, lo que refleja la pérdida de valores y el cuantioso poder que adquiere la delincuencia organizada. Prueba de ello es cómo se está sustituyendo el glorioso sueño americano con el ahora ambicionado ‘narcosueño’.
Otro medio de difusión son los famosos narcocorridos, los cuales hacen alusión a la vida de estos delincuentes con tintes míticos, en donde se relatan episodios, aventuras y hazañas sobre el tráfico de drogas, dando un aire heroico a estos personajes.
¿Manipulación o dilema ético?
La industria del narcotráfico mantiene una triunfante y eficaz maniobra de comunicación cuyo objetivo es atemorizar a la población, extender el temor y dejar en evidencia la inhabilidad de las autoridades y de los gobiernos para combatirlos.
No sería difícil pensar que los delincuentes tienen en su nómina a expertos en relaciones públicas, mercadotecnia, publicidad y propaganda. De otra manera no se puede explicar lo exitosa de su estrategia de información.

Es importante reconocer la ayuda que brindan los medios a la delincuencia en esta campaña propagandística de intimidación. Resulta desconsolante ver que los noticieros, la música y los programas de entretenimiento sirven como conductos de intermediación para hacer llegar a los mexicanos los mensajes que la industria del tráfico de estupefacientes les envía, aumentando su difusión y sobretodo su poder; sin embargo, existe un problema ético, porque se trata de una disyuntiva saber hasta dónde se debe informar, ser amarillista o ser propagandista.
Fuente
El Universal, martes 3 de marzo de 2009
Título: Crimen usa medios para difundir mensajes
Autor: María de la Luz González
URL: http://www.medioslatinos.com/
Título: Afirman que en México el narcotráfico dirige sus ataques a la prensa para explotar su repercusión mediática
URL: http://www.exonline.com.mx/
Título: "Zetas" lanzaron granadas en Morelia para provocar al Gobierno










