Los diarios impresos están en crisis y sólo unos pocos soportarán los desafíos que implica internet. Paul Starr se adentra en el declinante mundo de las redacciones y las prensas para ver qué hay de cierto en ello y cómo esto podría afectar a la vida democrática.
La recesión ha intensificado estas dificultades, lanzando a los periódicos en una caída libre de la que algunos quizá no se recuperen y otros regresen sólo como la sombra de lo que fueron.
Sin importar si los diarios se adaptan exitosamente a internet, fuentes nuevas y mejores de noticias continuarán desarrollándose en línea y llenarán cualquier vacío que dejen los periódicos.
Mientras que las noticias de televisión locales generalmente enfatizan el crimen, los incendios y los atascos de tráfico, los periódicos proporcionan la cobertura más original de los asuntos públicos. Los estudios sobre los diarios y la emisión de noticias han mostrado una y otra vez que las transmitidas por medios electrónicos siguen la agenda establecida por los periódicos, repitiendo a menudo los mismos elementos, aunque con menor profundidad.
En internet existe sin duda una gran profusión de opiniones, pero poco trabajo de reportaje, y aún menos trabajo sujeto a cualquier escrutinio editorial o control riguroso de datos. Resulta difícil predecir si internet logrará alguna vez mantener un periodismo de interés general en un nivel comparable al de los periódicos. La realidad es que los recursos del periodismo están desapareciendo ahora mismo de los viejos medios más rápido de lo que pueden desarrollarlos los nuevos medios. La crisis financiera de la prensa podría, por ende, acrecentar la crisis de legitimidad de los medios. 

Si bien el nuevo ambiente digital es más abierto al “periodismo ciudadano” y a la libre expresión de opiniones, también es más abierto a la parcialidad y al periodismo a sueldo. En internet existen pocas señales claras que distingan blogs y otros sitios financiados para promover una postura de los sitios de noticias operados de manera independiente sobre la base de las reglas profesionales del reportaje.
Se suponía que internet, junto con otras nuevas tecnologías, nos brindaría una cornucopia de información y, en muchos sentidos, eso ha hecho. Sin embargo, uno de sus efectos es el de disminuir la producción de noticias reportadas profesionalmente; quizá debamos comprender el marco emergente de la sociedad y la política postindustrial de una manera un tanto distinta.
Si existe un factor determinante tras la actual crisis financiera de la prensa, este es sencillamente que internet ha socavado el papel del periódico como intermediario. Los anunciantes no necesitan montarse en las noticias para llegar a los consumidores, y los consumidores tienen otras formas de encontrar productos y ofertas. Además, los consumidores no tienen que pagar por leer las noticias en línea.
Mucha gente que compraba el periódico por los deportes, las recetas, los cómics o los crucigramas acababa enterándose de lo que sucedía en el mundo porque al menos echaba un vistazo a la primera plana. Al contrario, los usuarios de internet no necesariamente ven las noticias de primera plana, y por ello es más probable que cada vez estén menos informados a medida que decae la lectura de periódicos.
Si los periódicos ya no pueden subsidiar el periodismo de servicio público y si las formas de colaboración descentralizadas y ajenas al mercado no pueden ofrecer un sustituto adecuado, ¿quién pagará ese trabajo?
Se suponía que internet, junto con otras nuevas tecnologías, nos brindaría una cornucopia de información y, en muchos sentidos, eso ha hecho. Sin embargo, uno de sus efectos es el de disminuir la producción de noticias reportadas profesionalmente; quizá debamos comprender el marco emergente de la sociedad y la política postindustrial de una manera un tanto distinta.
Si existe un factor determinante tras la actual crisis financiera de la prensa, este es sencillamente que internet ha socavado el papel del periódico como intermediario. Los anunciantes no necesitan montarse en las noticias para llegar a los consumidores, y los consumidores tienen otras formas de encontrar productos y ofertas. Además, los consumidores no tienen que pagar por leer las noticias en línea.
Mucha gente que compraba el periódico por los deportes, las recetas, los cómics o los crucigramas acababa enterándose de lo que sucedía en el mundo porque al menos echaba un vistazo a la primera plana. Al contrario, los usuarios de internet no necesariamente ven las noticias de primera plana, y por ello es más probable que cada vez estén menos informados a medida que decae la lectura de periódicos.
Si los periódicos ya no pueden subsidiar el periodismo de servicio público y si las formas de colaboración descentralizadas y ajenas al mercado no pueden ofrecer un sustituto adecuado, ¿quién pagará ese trabajo?
Cuando una sociedad necesita bienes públicos, la solución suele ser recurrir al gobierno para que los subsidie o produzca directamente. Pero si queremos una prensa independiente del control político, no podemos pedir que el gobierno patrocine o rescate a determinados periódicos.Tanto la operación de periódicos sin fines de lucro como el subsidio filantrópico a ciertos tipos de periodismo buscan promover formas de periodismo de servicio público cuya existencia estaría en riesgo de otra forma.
La noción de que el medio digital requiere una relación más inclusiva con las “personas antes conocidas como público” es un tema común entre los periodistas de internet.
Mucha gente ha estado esperando que aparezcan los sucesores de los periódicos en internet. Pero puede ser que no haya tal sucesor, al menos no como los periódicos que hemos conocido. El diario metropolitano podría ser un peculiar invento histórico cuyo tiempo ha pasado. Tal vez nos estemos aproximando no al fin de los periódicos sino al fin de la era de los periódicos, esa larga fase de la historia en que los periódicos publicados en las principales ciudades. Los periódicos metropolitanos han dominado el reportaje, han definido la agenda pública, han servido como punto nodal de controversia y se han erigido a sí mismos, con credibilidad, como símbolos y voceros de las ciudades cuyos nombres han llevado.
Otra forma posible de concentración de medios informativos no tiene precedente ni paralelo. En internet las viejas divisiones entre tipos de medios se están desmoronando. En lugar de ofrecer sólo texto, los periódicos han comenzado a proporcionar audio y video, y pese a la regulación federal vigente que limita la propiedad cruzada parece cuestión de tiempo antes de que existan combinaciones en toda regla entre periódicos y secciones de noticias de las televisoras y radiodifusoras.
Sin embargo, los medios informativos emergentes también parecen fragmentarse por intereses y filiaciones. La cobertura informativa no es todo lo que nos han dado los periódicos. Estos también han brindado al público un poderoso medio de ventaja sobre el Estado, y hoy esta ventaja está en riesgo.Los periódicos han ayudado a controlar las tendencias a la corrupción tanto en el gobierno como en los negocios. Si queremos evitar una nueva era de corrupción, habremos de reunir ese poder por otros medios. Nuestras nuevas tecnologías no nos despojan de nuestras viejas responsabilidades.

